La carta inédita de Oriana Fallaci tras el 11-S: "Yo creía haberlo visto todo en mi vida. Y no. Estoy muy furiosa"



La carta inédita de Oriana Fallaci tras el 11-S: "Yo creía haberlo visto todo en mi vida. Y no. Estoy muy furiosa"
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INTERNACIONAL

La carta inédita de Oriana Fallaci tras el 11-S: "Yo creía haberlo visto todo en mi vida. Y no. Estoy muy furiosa"

Esta misiva de la primera corresponsal de guerra italiana, Oriana Fallaci, a su abogado, escrita el día después de los atentados contra las Torres Gemelas, fue mostrada en exclusiva en televisión en el programa "Quarta Repubblica" de la televisión italiana

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Corriere della SeraActualizado Martes, 15 septiembre 2026 - 09:28AÑADE EL MUNDO EN GOOGLEHaz que nuestras noticias aparezcan en tus búsquedas

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Nueva York, al día siguiente.

Querido Francesco:

Como he intentado hacerle saber a través de mi oficina, que hasta esta mañana estaba aislada y ahora ya puede recibir y enviar faxes, desde aquí, es decir, desde mi casa, no puedo llamar al otro lado del océano. Ayer lo intenté en vano durante veinticuatro horas. También intenté comunicarme con España y con París. En algunas zonas, de hecho, los sistemas de comunicación transatlántica dependían de una de las dos torres que se derrumbaron.

No sé qué les han comunicado los corresponsales locales. Desde ayer no nos llega la televisión italiana (supongo que por las mismas razones que el teléfono), y los periódicos, menos aún. Todos los aeropuertos de todos los estados están cerrados. En cualquier caso, aquí tiene un breve informe.

La ciudad está paralizada. Las calles están completamente vacías, como en la película "La hora final". Todo está inmóvil. A los habituales ruidos ensordecedores los ha sustituido un silencio de cementerio. Un silencio interrumpido únicamente por los aviones militares que vigilan la isla de Manhattan. Los puentes y túneles que comunican Manhattan con Brooklyn y otros lugares están cerrados. Solo se pueden cruzar a pie, pero después del éxodo de ayer por la tarde ya nadie los cruza. También están detenidos los trenes y los autobuses y, naturalmente, el metro, que está fuertemente vigilado por los militares. Lo único que funciona son los hospitales, abarrotados. Y, junto con los hospitales, la televisión: extraordinariamente indemne, pero escasamente informada.

Yo creía haberlo visto todo en mi vida. Y no. Este escenario supera las peores previsiones: naturalmente, durante los próximos dos o tres días las cosas se estabilizarán. Esta es gente dura. Pero el trauma es profundo. Incluso para una persona curtida como yo. La peor masacre que he visto en una guerra se saldó con quinientos muertos. En México, poco más. Aquí los muertos son realmente miles. Hay quien habla de diez mil y me sorprendería que fueran menos de cinco mil. Al menos cuatrocientos bomberos están sepultados, aplastados, bajo la segunda torre. Y en las dos torres trabajaban decenas y decenas de miles de personas. Sin contar a los visitantes, cien mil al día. ¿Y los que se tiraron por las ventanas? Junto con la imagen del segundo avión introduciéndose en la segunda torre como si fuera un trozo de mantequilla, no consigo quitarme de la cabeza la escena de la gente que, para no morir abrasada, se arrojaba por las ventanas del piso noventa.

En cuanto a mí, estoy aislada. Enferma, en la medida que usted sabe, y furiosa. Muy furiosa.

Mis mejores deseos y gracias. 

Oriana Fallaci